Creatividad e IA: Modo Laberinto

Pensar-haciendo con la Inteligencia Artificial

La IA tiene un problema bastante curioso: puede hacer demasiadas cosas.

Cambias el personaje. La localización. La época. La luz. El encuadre. Pruebas otra cámara, otra estética, otra historia. Lo haces más realista, después menos. Lo mandas a Tokio y, veinte minutos más tarde, decides que quizá Barcelona estaba mejor. U

na idea abre otra y esa otra abre tres más.

Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.

Hasta hace muy poco, muchas de esas posibilidades tenían que ocurrir primero dentro de nuestra cabeza. Pensábamos una idea, la explicábamos, buscábamos referencias, hacíamos un storyboard, discutíamos si aquello funcionaría o no… y tarde o temprano había que apostar por algo. Porque comprobarlo de verdad costaba dinero.

Con la IA aparece una cosa que, para mí, cambia bastante el proceso: muchas ideas ya no hace falta imaginarlas del todo. Podemos probarlas. No terminarlas. Probarlas… Y si no funcionan… a por otra.

Todavía no estamos produciendo. Estamos pensando. Solo que ahora podemos pensar haciendo.

A esto lo llamamos Modo Laberinto.

Un brainstorming que se puede mirar

En un brainstorming alguien dice:


¿Y si empezamos con una mujer de 80 años entrando en una discoteca?

Otro recoge aquello.

¿Y si trabaja allí?
Y alguien le da la vuelta.

¿Y si todos son mayores menos ella?
Las ideas aparecen, se mezclan, algunas mueren en treinta segundos y otras empiezan a ponerse interesantes.
Hasta aquí, nada nuevo.

Lo diferente es que ahora podemos parar un momento y decir:

Vale. Probémoslo

No “probémoslo” en el sentido de producirlo. Eso vendrá después, si viene. Hagamos lo mínimo necesario para verlo. Generamos a esa mujer. La ponemos allí. Probamos el encuadre. Quizá animamos cuatro segundos. Y entonces pasa algo que en nuestra cabeza no podía pasar exactamente igual.

Lo vemos. A veces dices: no. Y ya está.

No hace falta una reunión para defender por qué aquello que hace diez minutos parecía una idea estupenda ahora no funciona. Fuera.
Esto es el modo laberinto, decidir y olvidarse del camino si te topas con un muro, como cuando en un laberinto te das cuenta que hay un muro, no llega al final… pues te vas a buscar otra opción.

Para mí, ese es uno de los cambios interesantes de trabajar con IA: el brainstorming y la ejecución empiezan a contaminarse entre ellos.
Ya no necesariamente pensamos primero y producimos después.

Pensamos, hacemos un poco, miramos lo que ha pasado y volvemos a pensar.

El laberinto

Cuando entras en un laberinto no sabes por dónde está la salida. Si lo supieras, sería un paseo bastante absurdo.Entras, giras, avanzas.

Y en algún momento te encuentras un muro.

Nadie se siente especialmente fracasado delante de un muro en un laberinto. No piensas: qué idiota, he escogido fatal. Tampoco te pasas media hora justificando por qué giraste a la izquierda.

Has descubierto una cosa. Por aquí no es.

Y saber por dónde no es también reduce el laberinto. Das media vuelta y sigues.

Me interesa mucho esta manera de pensar aplicada al proceso creativo porque elimina una cantidad enorme de drama innecesario alrededor del error.

Probamos algo. No funciona. Bien. Otra cosa.

Funciona un poco. Avanzamos. A los dos metros aparece otro muro. Volvemos.

Y de pronto una prueba que parecía secundaria abre un camino que ni siquiera estábamos buscando. Esto exige una cosa que no siempre es fácil: poco apego.

Si cada prueba que sale mal la vivimos como una equivocación que hay que defender, justificar o corregir, el Modo Laberinto no sirve de nada.

Un muro no es una equivocación.

Es información.

No todo tiene que quedar bien a la primera


Estamos acostumbrados a valorar una imagen por el resultado. ¿Está bien? ¿Está mal? ¿Se puede enseñar?

Pero durante una exploración esas preguntas no siempre son las importantes.

Tendemos a confundir dos cosas: explorar y producir. Hay imágenes/ideas que no nacen para aparecer en ninguna película. Nacen para provocar la siguiente imagen/idea.

No son necesariamente residuos del proceso, son parte del proceso.

Antes equivocarse era caro

En producción tradicional tenemos bastante interiorizado que hay que llegar preparados. Y es lógico. Un equipo cuesta dinero. Una localización cuesta dinero. Un actor esperando cuesta dinero. Rodar algo durante medio día para descubrir después que la idea de base no funcionaba puede convertirse rápidamente en un problema.

Por eso hemos construido herramientas y procesos para intentar reducir la incertidumbre antes del rodaje. Guion. Storyboard. Animática. PPM. Tests. Todo sigue teniendo sentido.

La IA no sustituye esa lógica. Añade otra: si puedo comprobar una intuición en diez minutos, quizá ya no necesito discutirla durante cuarenta.

Ahora no tenemos que defender tanto nuestras ideas, podemos demostrarlas. Aquella tontería que normalmente habría muerto en una reunión porque nadie estaba dispuesto a invertir tiempo y dinero en comprobarla. Ahora cuesta poco. Pues hagámosla.

No porque pensemos que es buena. Lo probamos porque no lo sabemos… y queremos saberlo.

Cuando entra más gente

Además, el laberinto se vuelve más interesante cuando no lo recorre una sola persona:

Uno propone algo. Otro hace una prueba rápida. Alguien ve esa prueba y se fija en una cosa que ninguno de los dos había pensado. La siguiente versión ya no pertenece exactamente a nadie.

Va mutando.

Esto también cambia algunas conversaciones creativas.

En vez de estar veinte minutos intentando explicar cómo creemos que quedaría algo, a veces podemos ponerlo delante.

¿Esto? -

No.

Vale.

O:-

Hostia. Mira eso.

Y “eso” quizá ni siquiera era lo que estábamos intentando conseguir.

Me gusta porque reduce un vicio bastante humano en los procesos creativos: querer tener razón.

Importa menos quién tuvo la idea.

La cosa está ahí delante.

Miremos qué hace.

Dar vueltas también es posible

Claro que todo esto tiene una trampa. Si podemos probar casi cualquier cosa, también podemos no acabar nunca. Otra versión, otro personaje, otra luz…

¿Y si…?
¿Y si…?
¿Y si…?

Si hacemos veinte pruebas y seguimos exactamente en el mismo sitio, probablemente no estamos explorando.

Estamos dando vueltas.

El Modo Laberinto no consiste en generar compulsivamente con IA generativa hasta que aparezca algo por accidente. Cada prueba debería darnos algo.

Si no, podemos caer en una espiral de versiones que no aportan nada a la narración ni al proyecto… solo al ego de algunas personas.

Confirmar una intuición. Matarla. Abrir otra pregunta. Hacernos retroceder. Enseñarnos una posibilidad que no habíamos visto.

En producción audiovisual, publicidad o cualquier proceso creativo donde utilizamos inteligencia artificial, generar más no significa necesariamente crear mejor.

Y ahí vuelve a aparecer algo bastante poco tecnológico: el criterio.

La máquina puede abrir caminos a una velocidad absurda. Pero alguien —no algo— tiene que decidir cuáles merece la pena seguir.


La primera salida

Y hay otra cosa que me empieza a preocupar más: encontrar una salida demasiado pronto.

Pruebas una idea. Funciona. Está bien. Incluso bastante bien.

Hasta hace no tanto eso era una magnífica noticia. Explorar más costaba tiempo, dinero y energía. Si tenías algo bueno, lo lógico era agarrarlo.

Ahora podemos permitirnos una pequeña incorrección. Seguir.

La inteligencia artificial aplicada a la creatividad cambia precisamente eso. Nos permite comprobar ideas que antes quizá habrían muerto en una conversación, porque producirlas (aunque fuera de manera provisional ) costaba demasiado.

Y quizá en la séptima aparece una cosa que jamás habríamos escrito en un briefing, ni dibujado en un storyboard, ni imaginado alrededor de una mesa.

Esta actitud es, para mí, el Modo Laberinto.

Un brainstorming en el que las ideas pueden salir un momento de nuestra cabeza, coger una forma todavía torpe, ponerse delante de nosotros y contestarnos.

A veces las pruebas nos dicen que sí. Muchas veces nos dicen que no. Y no pasa absolutamente nada. Todo es información.

En un laberinto encontrarse con un muro no significa haberlo hecho mal. Significa que ahora sabes una cosa más. Te das la vuelta. Y sigues.

Porque quizá uno de los grandes cambios que introduce la IA generativa en la producción audiovisual y la publicidad no sea simplemente que podamos hacer más cosas. Es que podemos permitirnos explorar más antes de decidir.

Quizá el error, ahora, no sea equivocarse. Quizá sea encontrar una salida correcta demasiado pronto y decidir que ya está.

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Creatividad e IA: el problema de ser demasiado correctos